Premoniciones

 

Uno. Hace unos meses me dio el antojo de comprar dátiles. Solo recuerdo haber comprado nunca antes este empalagoso fruto de la palmera, si exceptuo su presentación en forma de delicatessen envueltos en una loncha de bacon, que salteados en la sartén, serví en alguna ocasión como aperitivo en alguna cena de amiguetes.

Dos. Por las mismas fechas andaba yo buscando piso, y me refería a la situación alegando que andaba en busca de una nueva jaima. Tengo que decir que no tengo ningún antecedente personal, profesional o afición especial por el desierto.

Tres. Tengo para la semana que viene billete de ida para Marrakech, para iniciar una nueva etapa profesional que no tiene nada que ver con lo que he estado haciendo antes, cerca de la Plaza de Djemma El-Fná (donde abundan las paradas de especies y dátiles). No viviré en una  jaima, pero nunca se sabe en donde puede acabar viviendo uno.

Cuatro. No creo en las premoniciones, pero haberlas hailas.

 

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