Archivo para 12 noviembre 2010

Premoniciones

 

Uno. Hace unos meses me dio el antojo de comprar dátiles. Solo recuerdo haber comprado nunca antes este empalagoso fruto de la palmera, si exceptuo su presentación en forma de delicatessen envueltos en una loncha de bacon, que salteados en la sartén, serví en alguna ocasión como aperitivo en alguna cena de amiguetes.

Dos. Por las mismas fechas andaba yo buscando piso, y me refería a la situación alegando que andaba en busca de una nueva jaima. Tengo que decir que no tengo ningún antecedente personal, profesional o afición especial por el desierto.

Tres. Tengo para la semana que viene billete de ida para Marrakech, para iniciar una nueva etapa profesional que no tiene nada que ver con lo que he estado haciendo antes, cerca de la Plaza de Djemma El-Fná (donde abundan las paradas de especies y dátiles). No viviré en una  jaima, pero nunca se sabe en donde puede acabar viviendo uno.

Cuatro. No creo en las premoniciones, pero haberlas hailas.

 

Busco camello para travesía del desierto

Correr en plan “Iron Man” creo que ya no toca, en moto la tercera lumbar se queja, no me gusta conducir, así que aparco la idea del cuatro por cuatro… , en resumen, para atravesar el desierto, mejor en camello de paso lento y buen carácter.

El desierto tiene mala fama, lo sé desde que vi Lawrence de Arabia  a una edad en la que ver como desaparecía su amigo hundiéndose en la arena, me provocó una aversión por las arenas movedizas en general.

Para ahondar en mi aversión, no faltaba mas que se le ocurriera a un publicitario la idea  de mostrarnos como la arena de la playa se venga de un incívico bañista enterrador de colillas, tragándoselo con toalla y todo.

Pero volvamos al desierto. No es lo mismo la imagen evocadora de una caravana de nómadas, o de porteadores de especias y bienes preciados, que la de un ser, el único y sediento viajero intentando dar con algún pozo Bereber. Exceptuando a Kung-Fu-Carradine que viajaba por las dunas con aire resuelto, el resto de los mortales, abandonados o perdidos en la inmensidad de la sequía, con sobredosis de sed e insolación, son el paradigma de la desventura.

Así que, la travesía del desierto nos sirve como ejemplo para ilustrar situaciones o períodos en los que uno anda perdido en la vida, el trabajo, el amor o lo que sea. Una excursión no deseada, mas o menos larga, en la que muchos nos hemos bebido alguna vez, la última cantimplora de agua.

Reconozco que lo mas aproximado a un desierto que he pisado,  son las dunas de Empúries en invierno, porque en verano sus arenas están mas bien pobladas. Aun y así, me permito romper una lanza para recuperar la buena imagen del desierto, aunque sea imaginado. Un espacio de silencio y lleno de la Nada, un lujo para los que vivimos en el barullo permanente, pagando un precio desorbitado por pretender tenerlo Todo.

Así que, en los preparativos de mi viaje, ando buscando un camello con cuatro patas motrices,y bajo consumo de agua, equipado con GPS en catalán, para que entienda lo de “Arri arri!” y “Jau!”. No quisiera que por falta  de entendimiento no llegáramos al oasis.

Goooolf!